By Ana Serrano Hernández
sábado, 30 de junio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
martes, 26 de junio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
domingo, 17 de junio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
Logos ^,..,^
¿Realmente elegimos a las personas que nos acompañaran en la
vida?
Muchas veces creo que sí. Buscamos gustos parecidos,
mentalidad similar, percepción concorde con la nuestra…y sin embargo, siempre hay
agujeros de incertidumbre. Alguno aparece. Ya no solo el hecho de que odio y
afecto estén separados por una línea muy fina, tal es que se puede encontrar
cierto regocijo mutuo en las cabronadas entre dos universitarios o los chinches
entre infantes pero, lo que realmente me
frustra, es el tiempo.
No siempre es un aliado, porque el tiempo efectúa un lento
descenso hasta el cariño. Irremediablemente, cuanto más tiempo pasamos con
alguien, mas nos interesamos en establecer con esa persona un vínculo, puesto
que por algún motivo debemos compartir esa etapa con ella. Y por gracia o
desgracia, este vínculo proporciona un conocimiento del contrario que se acentúa
cuanto más largo sea el periodo de confrontación entre ambas personalidades,
hasta que finalmente se crea una dependencia vital de ese apéndice de tu mente
exógeno que es un amigo.
Y esto es lo preocupante porque, ¿qué influye en esa conexión?
¿Los gustos? ¿La mentalidad? No voy a negar que resulte reconfortante converger
con alguien en ideas, pero es que incluso discrepar con ella en principios
puede prender la mecha del aprecio.
Y luego está el asunto de los amigos de la infancia, que son
de tu familia por cojones, porque el cariño vino con el tiempo y ahí sigue
latente, y porque, en el fondo, el tiempo hizo que no haya otra persona con la
que te hables igual que con él o ella. Y no importan los gustos o las
aficiones, solo que te importe y que le importes (una pena que nunca lo haya
experimentado, lo de tener un amigo de la infancia digo..)
Esto también se aplica a la familia, pero en mi estado de rebelión
adolescente no creo que pueda escribir con objetividad sobre ello….así que
mejor me callo mi opinión sobre el amor imbuido.
Aun así, me sigue resultando insoportablemente difuso el
pilar ilógico en el que se sustenta el cariño. Porque no puedo guiarme por
absolutamente ningún parámetro para poder elegir a un amigo o a un amor, solo
una punzada en el pecho o murciélagos en el estomago (me resultan más amenos
que las mariposas).
El caso es que sentirse confuso forma parte del aprecio como
dudar forma parte de la razón (lo mismo es). Al fin y al cabo, y haciendo
alegación a una frase que escuche a un estimado profesor mío, “si tuviera que
decir una característica común a todos los seres humanos diría que somos
inseguros”.
Pero cuando alguien acomete actos completamente
desinteresados por ti, cuando alguien defiende tu integridad incluso por encima
de la suya, cuando alguien muestra interés por tu estado, cuando te hace reír y
aunque mida metro noventa o cincuenta no puedes evitar mirarle como si vuestros
ojos estuvieran alineados, ese alguien es un amigo. Y da igual lo que te aporte, solo que te soporte…
Dedicado a dos pánfilos que hay en mi clase, ¿veis como si que
me pega estudiar filosofía?
Porque los amigos también están en los buenos momentos.
D.G
martes, 12 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
domingo, 10 de junio de 2012
What I dreamed tonight...^,..,^
Yo estaba en mi cuarto cuando oí la explosión que rompió el
silencio de la noche. La ventana proyectó una potente luz que relampagueo en la
habitación y después bailo por las paredes. Sin duda reflejaban la sombra
del fuego. Asustada me asome y a través del cristal pude ver en lo que fue la
casa de mi vecino una enorme hoguera. Baje las escaleras y salí de casa. Mi
padre y mi madre ya estaban en el jardín, con el rostro desencajado del espanto
y la vista alzada hacia la estructura flameante. Las llamas lamian las puertas
y ventanas intentando alcanzar el cielo, mientras el negro tiznaba las paredes extendiéndose
como una marea hambrienta.
La gente comenzó a rodear la vivienda, y los gritos de
horror y el llanto acompañaron al repiqueteo de las llamas. Una nueva explosión
hizo saltar un ventanal y alcanzó con su lengua de fuego gran parte del césped.
Algunos árboles comenzaron a quemarse también, setos y enredaderas, como un macabro
decorado navideño. Todo empezó a arder, el jardín se convirtió en un muro de
infranqueable que rodeo la casa. La horda de vecinos pisaron el césped intentando
paliar las llamas, pero la estación lo había dejado todo seco, demasiado apetecible
para el fuego, que se relamía con cada brizna.
Mis padres fueron detrás de casa para coger la manguera. Yo
corría arriba y abajo de mi valla intentando divisar alguna figura entre el
fragor de las llamas, y fue entonces cuando lo vi.
La puerta trasera se abrió dejando asomar las llamas y de su
interior salió caminando con dificultad el hijo de los Benet. De estatura
media, el pelo castaño liso le caía sobre los ojos…y de su espalda afloraban sendas
llamas azuladas que se abrían paso a través de su camisa hacia la piel.
Con una capacidad de reacción desconocida en mi salte en dirección
al estanque de su vivienda, me quite los tenis y los llené. Volé quemándome los
pies hasta donde él se había arrastrado lejos de la casa y le apagué las llamas.
Y lo cierto es que debí haber sido más observadora…
…porque a partir de entonces todo acabó.
Observadora en distintos puntos: debería de haberme extrañado
que un joven al que le crecen llamas de medio metro desde la trasera pudiera
caminar. Quizás debería haber apreciado la divergencia de tonalidad entre las
suyas, azules y danzarinas, y las de colores amarillo, rojizo y anaranjado que
devoraban todo a su alrededor, un contraste abismal. Quizás debería de haberme
extrañado que cuanto le apagué, literalmente, la espalda, vislumbrara a través
de un enorme boquete en la camisa su inmaculada piel blanquecina, sin quemadura
alguna ni contusión. Quizás debería haber sospechado algo cuando se volvió y me
miro con aquellos ojos del color del mar profundo, tan absorbentes como el
oleaje, pero solo pude sentir que se me aceleraba el corazón a un ritmo
alarmante, y que quise besarle.
Si ya me lo decía mi profesora de mates, que no iba a
ninguna parte si seguía sumando con los dedos. Jodida agilidad mental, que solo
cuando me hundió los colmillos en el cuello pensé: “Este chico no es humano…”.
D.G.
viernes, 8 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Tired of light ^,..,^
Oh my darling
Will you be here
Before I sputter out...
Will you be here
Before I sputter out...
Esta noche
moriria por vos...
miércoles, 6 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
Ode à une mémoire ^,..,^
Siendo vampiro joven
y primerizo en las vivencias dadas por la experiencia, pues, como ya mencionare
en otros escritos no poseo el conocimiento milenario del mundo que posee mi
especie, por motivos varios, coincidí sin saberlo con dos hermosas señoritas
con las que tenía amigos en común. Nuestra amistad estaba meramente en el punto
de partida, y no compartíamos nada más allá de cuestiones triviales acerca de
nuestras aficiones y planes de futuro. Sin embargo, tiempo al tiempo, y de eso
a mí me sobra, el vernos todos los días comenzó un proceso de acercamiento que
no hubiera sido posible de no compartir esa media hora al día. Permitió
adquirir siglos de amistad en un solo año, y con ello, mi devoción por ellas se
fue acentuando. Aunque su graduación aconteció el pasado viernes, hoy quiero
agradecerles en este pequeño epígrafe la confianza que depositan en mí y espero
sientan que reciben en respuesta.
sábado, 2 de junio de 2012
My muses ^,..,^
No sé si es correcto empezar a escribir contando una pálida
y débil reflexión a raíz de una experiencia triste. Por desgracia, el arte es
el único medio que poseo para derramar la tinta que nubla mis sentidos y tizna
mi realidad y poder vislumbrar entre estrías de luz lunar lo que realmente
siento. El ser humano es incapaz de apreciar la realidad como se la han dado, y
la mentira, en mi opinión, es nuestro modo de sobrevivir al verdadero tormento
de nuestra especie que a la vez nos hace más dignos y valientes: nuestra
consciencia de la muerte. A distintos niveles y de inapreciables o de
“cantadas” formas nos mentímos a nosotros mismos, subjetivando la realidad y a
veces temiendo pensar demasiado. Por desgracia, al igual que está en nuestra
naturaleza mentir lo está dudar, y no podemos escapar de las cuestiones que se
nos plantean. Mentira y duda son componentes del ser humano, una resultado de la
otra o viceversa, no lo sé, aun pretendo averiguar qué relación hay entre
ellas, (no, a mi tampoco me complace escribir como si fuese humano^,..,^). Pero de esto hablare más adelante, porque es más un hecho que la
cuestión que me entristece hoy, y me permitiréis ponerme un poco poético porque
quiero hablar de mis musas.
Actualmente curso primero de bachiller y, la historia de mi
vida, las unicas personas a las que puedo llamar amigas pertenecen a un curso superior. Hare alegación a otra persona muy importante
para mí que he conocido recientemente pero que no comparte historia con ellas
aun, es por ello que no la mencione.
Estudio en un antiguo convento convertido en institución
pública entre los años cincuenta, incluso antes, lamento no recordarlo. El
lugar en si me llamo la atención por ser un entorno tan misterioso e
inspirador, con los cadáveres de frailes dominicos durmiendo bajo nuestros pies
a la par que palomares sobre nuestras cabezas repletos de estas aves que
levantan el vuelo al resonar timbre entre las paredes llenas de historia y
cultura. Me apasiona nuestro pequeño y cuadrado patio de recreo, un jardín
adornado con naranjos y una fuente en el centro que recuerda más al estilo
árabe de las mezquitas que al eclesiástico. Los siete pecados capitales nos
miran desde sus puntos álgidos sobre los arcos del patio en forma de caras
esculpidas de grotesco gesto, y las clases y distintas aulas son las
habitaciones y capillas que conformaron en el pasado el lugar de oración de
estos frailes. En este lugar de ensueño me abrieron su mente las dos personas
de cuatro que hoy por hoy poseen mi corazón, y que ayer obtuvieron su merecida graduacion, para volar lejos a cumplir sus sueños. Pero nuestra historia se remonta mucho más atrás.
Pero mi
sacerdotisa tuvo que marcharse y me dejo solo en la oscuridad. Ya no temía al
mundo visible, y por ello busque. Me resulto estimulante, pero pronto comprendí
que yo no era el único que buscaba, mi mente también. Intenté comprender porque
me sentía tan desamparado, ni en mi vista
ni en mi pensamiento encontraba respuesta. Me preguntaba que parte de la
realidad escapaba de mi entendimiento. Exploré por aquellos paramos, y la encontré,
cuando me hallaba perdido entre la maleza de una selva oscura.
Pero también
hubo de irse, y me dejo solo en la maleza. Salí de la jungla y recorrí senderos
oscuros. Los caminos se dividían sucesivamente y me perdían en los cruces. Confuso
sentí angustia, y me asusté, poco familiarizado con los sentimientos que
enraizaban en mí ser y confundían mis sentidos. Mi mente rechazaba mi corazón,
y este era envenenado con la tinta que aquel medio sombrío había empezado a
verter en mis arterias. Débil como estaba empecé a perder mi visión, mi corazón
herido pendía de mis tejidos emponzoñados venciéndose por su propio peso. Mi
mente, enloquecida por el dolor, ya no era un lugar seguro. Deliraba y la
corrosión me venció en uno de los cruces, donde quede tendido.
Feliz de
sentirme completo, no me percaté de que dos pequeños bultos habían aflorado en
mi espalda.
…y sin
embargo, no desaparecí.
Aturdido entorne
los ojos para vislumbrar al artífice de tal contusión. Y ante mí, recortada por
la luna llena, se erguía una vampira de larga melena negra, ojos oscuros y un
porte abrumador. Se sostenía la muñeca, ensangrentada. Sus ojos osados me
miraban con decisión, sin embargo, lagrimas de sangre besaban sus mejillas.
Tras ella tres figuras se mantenían apartadas. La sacerdotisa permanecía
erguida como el mármol. Junto a ella, gato-loba agachada movía la cola en gesto
curioso. Sentada en una de las lapidas, balanceando las piernas adelante y
atrás, la brujita observaba.
-Has tardado
mucho en despertar - giro y me miro por encima del hombro - llegamos tarde, si
quieres seguirnos, tendrás que correr muy rápido.
Dicho esto
reapareció al lado de sus compañeras en un movimiento rapidísimo, me dedico una media sonrisa desafiante y
volvió a desaparecer. La felina aulló a la luna inmensa y corrió tras la
vampira. La sacerdotisa se dio la vuelta y se desvaneció en las sombras. La
pequeña bruja se elevó en el cielo con su escoba, dejando la estela de su risa
cantarina a su paso.
Me levante
como pude, aun estaba muy débil. No podría seguirlas jamás, notaba la espalda y
las piernas pesadas, torpes. Di la espalda, conteniendo las lágrimas. Y
entonces, pude ver mi sombra proyectada por la luz lunar. A mi espalada
sobresalían dos enormes alas. Me volví sobresaltado y comprobé que era capaz de
moverlas a mi voluntad. Su plumaje grisáceo reflejaba un brillo plateado en la noche.
Formaban parte de mi, al igual que mis cuatro musas.
De un aleteo
me posé sobre el panteón cara a la luna y extendí mis portentosos miembros.
-Da igual
cuanto os alejéis, yo os alcanzare.
Y me lancé
hacia la oscuridad de la noche guiado solo por el único de mis atributos que es
razón y locura, idea y sentimiento, luz y oscuridad, todo al mismo tiempo…
…el amor.
Fin
Representáis cada una un pedacito de
mí. Vampira, bruja, gato-loba y sacerdotisa sois. Razón, locura, luz y
oscuridad simbolizáis en mí. Sin vosotras estaría incompleto y por vosotras es
que puedo volar todas las noches.
Gracias por existir, solo con
vosotras alcanzo la inmortalidad.
Siempre
vuestro, allá donde vayáis.
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